12:05 -
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Indra es una mujer como nosotras, pero con un don ya descubierto.
Un don es un regalo divino sembrado en nuestro corazón, como una semilla. Está en nosotros mantenerlo en tierra fértil y ayudarlo a crecer.
Indra ya sabe de qué clase de semilla se trata, es de las que otorgan el “don para cantar”. Porque hay semillas mágicas para toda clase de cosas, pero, sin duda, esta le trae a Indra la facilidad para cantar.
Solemos tener resistencias (simbolizado en este dibujo como un ratón) para aceptar la semilla del “talento” entendida como la creatividad que espera dentro nuestro a ser reconocida, aceptada y desplegada.
Y como siempre tienen un un origen divino están relacionadas con el Amor .Como bien dice Luz al comienzo de “De Regreso al Encanto”:
Un don es un regalo de Dios.
Y…
La inspiración es en realidad una gran sensación de amor.
Decimos que nos inspiramos cuando entramos en esa zona mágica donde el alma logra expresarse. También decimos que “inspiramos” cuando tomamos el aire. Por lo tanto, Indra deberá comenzar a inspirar aire para poder cantar, llenando sus pulmones, preparando su garganta, permitiéndole a sus cuerdas vocales comenzar a vibrar como un maravilloso instrumento.
Porque…si bien es cierto que Indra está cantando, todavía lo hace de espaldas, mientras un pequeño pero insidioso ratón, roe el cable que conecta su micrófono para que su voz sea amplificada.
Quién de nosotros no tiene o ha tenido algún roedor en su mente. Son ellos quienes nos boicotean los mejores proyectos.
Felizmente, Indra salió de ese “cantar para adentro”, se puso de frente al público, y mostrando al fin su rostro, comenzó el show.
Y como dice Violeta “Si yo pude, entonces todos pueden”
Qué pasaría si encuentras tus propios roedores, esos que hacen barullo en tu mente, y te das vuelta para expresar con libertad tus talentos.
Entonces, muchos vendrán a buscar aquello tan hermoso que tienes para dar, tu “dharma”. Te aseguro que siempre hay personas esperando encontrar lo que puedes ofrecer, en tu única y original manera de hacerlo.
Es solo cuestión de sentirse libre internamente y animarse.
Ana M. Cuevas
Un don es un regalo divino sembrado en nuestro corazón, como una semilla. Está en nosotros mantenerlo en tierra fértil y ayudarlo a crecer.
Indra ya sabe de qué clase de semilla se trata, es de las que otorgan el “don para cantar”. Porque hay semillas mágicas para toda clase de cosas, pero, sin duda, esta le trae a Indra la facilidad para cantar.
Solemos tener resistencias (simbolizado en este dibujo como un ratón) para aceptar la semilla del “talento” entendida como la creatividad que espera dentro nuestro a ser reconocida, aceptada y desplegada.
Y como siempre tienen un un origen divino están relacionadas con el Amor .Como bien dice Luz al comienzo de “De Regreso al Encanto”:
Un don es un regalo de Dios.
Y…
La inspiración es en realidad una gran sensación de amor.
Decimos que nos inspiramos cuando entramos en esa zona mágica donde el alma logra expresarse. También decimos que “inspiramos” cuando tomamos el aire. Por lo tanto, Indra deberá comenzar a inspirar aire para poder cantar, llenando sus pulmones, preparando su garganta, permitiéndole a sus cuerdas vocales comenzar a vibrar como un maravilloso instrumento.
Porque…si bien es cierto que Indra está cantando, todavía lo hace de espaldas, mientras un pequeño pero insidioso ratón, roe el cable que conecta su micrófono para que su voz sea amplificada.
Quién de nosotros no tiene o ha tenido algún roedor en su mente. Son ellos quienes nos boicotean los mejores proyectos.
Felizmente, Indra salió de ese “cantar para adentro”, se puso de frente al público, y mostrando al fin su rostro, comenzó el show.
Y como dice Violeta “Si yo pude, entonces todos pueden”
Qué pasaría si encuentras tus propios roedores, esos que hacen barullo en tu mente, y te das vuelta para expresar con libertad tus talentos.
Entonces, muchos vendrán a buscar aquello tan hermoso que tienes para dar, tu “dharma”. Te aseguro que siempre hay personas esperando encontrar lo que puedes ofrecer, en tu única y original manera de hacerlo.
Es solo cuestión de sentirse libre internamente y animarse.
Ana M. Cuevas
6:32 -
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Si bien este estilo de expresiones gráficas son comúnmente llamadas “psicografías”, yo prefiero denominarlas “Dibujos del alma”.
Cada personaje ha inspirado su “Dibujo del Alma”. En ellos encontrarás las expresiones de cada una de las mujeres, en relación a su “Ser interior”. El material para su creación surge, a semejanza de los sueños, del inconciente de una persona.
Ya es conocido por muchos el concepto de que en cada ser está contenido el Todo y que, en una forma no conciente, somos partícipes de nuestras realidades y de las ajenas.
Nuestra manera occidental de ver la vida, no ha sido propicia para re-encontrarnos con estos materiales, los que forman el bagaje oculto de la humanidad. Bagaje mucho más accesible a culturas más conectadas con las experiencias vitales y la unión con lo Divino, que con el desarrollo de los fundamentos científicos y académicos.
Pero en este viaje de regreso que todos, tarde o temprano habremos de hacer, dentro de esta búsqueda, te encontrarás con las memorias ancestrales, no solo las propias, sino con las que nos son comunes a todos. Algún día, no lejano, podremos relacionar cada parte con un Todo, ese Todo que es de origen Divino y del que podremos concientemente participar.
Mitos, leyendas, cuentos y arquetipos son patrimonios de la humanidad.
Cuando alguien me pide un Dibujo del Alma, lo realizo con sólo saber su nombre, y aunque no conozca a la persona, la información gráfica surge igual. Cuando lo dibujo, mi mente está en silencio. No es el intelecto el que “sabe” o “capta” algo del otro. Esa información que llega, está más allá de mi posibilidad de entendimiento.
El dueño del dibujo siempre se ve identificado con él y le agrada.
En cada dibujo hay mucho por descubrir.
Al principio podrás leer un comentario sobre cada uno de los dibujos que representan a cada personaje, a manera de “primera mirada”, y más adelante encontrarás comentarios más y más profundos.
Si bien los dibujos de nuestros personajes: Indra, Violeta, Isabella, Luz, Clara, Paloma y Brisa les pertenecen a cada una de ellas, también pueden ser utilizados por otras personas. Puede que te sorprendas al encontrar en algunos de ellos características similares a las tuyas. Cosas que atañen a nuestras vidas y que vemos reflejadas allí, como en un espejo que nos devuelve una imagen de nosotros mismos.
Ana M. Cuevas
Cada personaje ha inspirado su “Dibujo del Alma”. En ellos encontrarás las expresiones de cada una de las mujeres, en relación a su “Ser interior”. El material para su creación surge, a semejanza de los sueños, del inconciente de una persona.
Ya es conocido por muchos el concepto de que en cada ser está contenido el Todo y que, en una forma no conciente, somos partícipes de nuestras realidades y de las ajenas.
Nuestra manera occidental de ver la vida, no ha sido propicia para re-encontrarnos con estos materiales, los que forman el bagaje oculto de la humanidad. Bagaje mucho más accesible a culturas más conectadas con las experiencias vitales y la unión con lo Divino, que con el desarrollo de los fundamentos científicos y académicos.
Pero en este viaje de regreso que todos, tarde o temprano habremos de hacer, dentro de esta búsqueda, te encontrarás con las memorias ancestrales, no solo las propias, sino con las que nos son comunes a todos. Algún día, no lejano, podremos relacionar cada parte con un Todo, ese Todo que es de origen Divino y del que podremos concientemente participar.
Mitos, leyendas, cuentos y arquetipos son patrimonios de la humanidad.
Cuando alguien me pide un Dibujo del Alma, lo realizo con sólo saber su nombre, y aunque no conozca a la persona, la información gráfica surge igual. Cuando lo dibujo, mi mente está en silencio. No es el intelecto el que “sabe” o “capta” algo del otro. Esa información que llega, está más allá de mi posibilidad de entendimiento.
El dueño del dibujo siempre se ve identificado con él y le agrada.
En cada dibujo hay mucho por descubrir.
Al principio podrás leer un comentario sobre cada uno de los dibujos que representan a cada personaje, a manera de “primera mirada”, y más adelante encontrarás comentarios más y más profundos.
Si bien los dibujos de nuestros personajes: Indra, Violeta, Isabella, Luz, Clara, Paloma y Brisa les pertenecen a cada una de ellas, también pueden ser utilizados por otras personas. Puede que te sorprendas al encontrar en algunos de ellos características similares a las tuyas. Cosas que atañen a nuestras vidas y que vemos reflejadas allí, como en un espejo que nos devuelve una imagen de nosotros mismos.
Ana M. Cuevas
6:16 -
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El dibujo que observamos a la izquierda, impresionó mucho a Paloma y ella misma lo bautizó con el nombre de “Mirta.”
Al terminar Isabella de dibujar a “Mirta”, dio vuelta la hoja y, como si faltara aún expresar características de Paloma, dibujó un ser, entre angelical y humano.
Pero volviendo a “Mirta” observamos un gran signo de interrogación sobre su frente, que parece representar los aspectos más conflictivos de la personalidad como insatisfacciones, enojos y frustraciones. Su cabeza resulta muy grande en relación a su cuello y al resto del cuerpo que podemos imaginar. Este signo de pregunta y sus grandes ojos negros, bien abiertos, nos hacen pensar que desarrolla una gran actividad intelectual, y que ese continuo pensar no le aporta mucho bienestar. ¿Qué estará pensando? ¿O dudando, quizás?
Casi como escondido, detrás de “Mirta”, aparece un ser que descorre los telones como iluminando el pasado. De sus centros de energía fluye luz. Podría decirse que se trata de una conciencia que despierta, que está sanando antiguos dolores del pasado. Quizás…los viejos dolores de Mirta.
Su espalda muestra marcas de padecimiento o sujeción, oscuras marcas que ya no pretende ocultar.
Y es Paloma quien más claramente muestra su verdad desnuda, encontrándose lista y dispuesta para “verse” y sanar.
¿Reconocés tus aspectos conflictivos?
¿Te interesa liberarte de ellos?
¿Te aceptás a pesar de ellos?
¿Ya encontraste tu Luz Interior?
Al terminar Isabella de dibujar a “Mirta”, dio vuelta la hoja y, como si faltara aún expresar características de Paloma, dibujó un ser, entre angelical y humano.
Pero volviendo a “Mirta” observamos un gran signo de interrogación sobre su frente, que parece representar los aspectos más conflictivos de la personalidad como insatisfacciones, enojos y frustraciones. Su cabeza resulta muy grande en relación a su cuello y al resto del cuerpo que podemos imaginar. Este signo de pregunta y sus grandes ojos negros, bien abiertos, nos hacen pensar que desarrolla una gran actividad intelectual, y que ese continuo pensar no le aporta mucho bienestar. ¿Qué estará pensando? ¿O dudando, quizás?
Casi como escondido, detrás de “Mirta”, aparece un ser que descorre los telones como iluminando el pasado. De sus centros de energía fluye luz. Podría decirse que se trata de una conciencia que despierta, que está sanando antiguos dolores del pasado. Quizás…los viejos dolores de Mirta.
Su espalda muestra marcas de padecimiento o sujeción, oscuras marcas que ya no pretende ocultar.
Y es Paloma quien más claramente muestra su verdad desnuda, encontrándose lista y dispuesta para “verse” y sanar.
¿Reconocés tus aspectos conflictivos?
¿Te interesa liberarte de ellos?
¿Te aceptás a pesar de ellos?
¿Ya encontraste tu Luz Interior?
Ana M. Cuevas
9:09 -
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Transitar el duelo (por Sandra Pellegrino)
Estoy dando vueltas desde temprano. Preparo el mate y no lo tomo. Sigo con la remera de dormir. Lavo los platos que quedaron de la noche.
Por más que quiera evadirla…ahí está. Otra vez la angustia apareció cortándome la garganta en dos. La garra de la que me habló una vez el psiquiatra, esa que me ahorca impidiéndome respirar y que no me deja vivir en paz.
Entonces, a pesar de necesitarla con urgencia, decido no tomar la pastilla ansiolítica…es que ya no tomo más pastillas. Sé que lo único que me provocan es una negación de mis propios sentimientos. Considero que sería un desacierto tomarla, ya que el resultado sería retrasar unas horas el síntoma, para que después aparezca con seguridad de forma más imponente.
La angustia, vieja conocida…otra vez por aquí.
Si no sale se me atasca en el plexo solar provocando dolores de estómago y quien sabe que otro síntoma.
De forma instintiva tomo el teléfono y marco el número de mi tía Margarita, la hermana de mi abuela, que es lo más cercano a la familia de mi mamá. Ella vive lejos, pero tan solo con escuchar su voz la angustia sale despedida en forma de catarata por mis ojos.
En seguida mi pecho se moja, y mis lágrimas parecen una bendición que va corriendo a lo largo de mis chakras.
Me siento un poco mejor y ya puedo respirar aliviada. Con la pastilla, adormecedora de sentimientos, esto no hubiese ocurrido y la angustia me hubiese habitado por días, meses y quien sabe años.
Esta angustia de hoy no viene sola, se presenta acompañada por la tristeza de la pérdida de mi mamá. Es casi inevitable en ciertas fechas, lugares, ocasiones, y vuelve intacta como si nunca hubiese procesado, trabajado o analizado el duelo.
No importa los años que pasaron desde que no está mi mamá. En este instante parece tan cercano. Y el recuerdo del aroma maternal parece rodearme acentuando su ausencia.
Ahora ya sé que me pasa… porqué la falta de ganas, porqué el mate sin tomar, los platos sucios… porqué la angustia.
Me pregunto cómo salir de este estado, o mejor dicho, cómo transitarlo sin lastimarme, si es que existe esa posibilidad.
Ambas, angustia y tristeza, cómplices la una de la otra, se instalan aquietadas en mi interior tomando gran parte de mi corazón y ensombreciendo todo vestigio de felicidad cotidiana.
Transitarlas no es placentero. Primero tengo que ser honesta conmigo misma, mirar hacia el interior dotada de una cuota alta de valentía.
Entonces reconozco que aún el duelo existe, que estoy triste, y no veo luz en ningún lado, que hoy solo me importa la presencia física de mi mamá a mi lado, acompañando los actos de fin de año, los cumpleaños… las fiestas. No me gusta lo que veo en mi interior…tanta oscuridad y dolor me hacen sentir débil, como si volviera la persona que fui hace unos años, la que necesitaba la contención medicinal, la que no era dueña de su propio espíritu. Lo único que falta es que vuelvan las pastillas, pienso. Y mi mente empieza el macabro juego de proyectar como en una película, la imagen de mí misma en el consultorio del psiquiatra.
En ese momento de tensión interior, donde creo que vuelvo atrás - a mi propio pedregullo- sólo se me ocurre intentar frenar los pensamientos y respirar. Tan profundo como me lo permita. Y con la primera bocanada caigo en la cuenta que estaba respirando muy cortito, como si no hubiese querido darle una buena dosis de oxígeno a mi cuerpo.
Entonces sigo con la sesión de respiración conciente. Empiezo a sentirme mejor, con posibilidades de abrir mi mente a un pensamiento alentador…depende de mí, aunque en este momento me pese semejante responsabilidad.
Un grato recuerdo con las palabras de mi mamá viene a mí y me sorprendo sonriendo. Acudo a mi propia “franja” donde los mundos se conectan también para mí.
El aire por fin atraviesa la angustia y llegue a mi Ser, a la Verdad dentro mío.
Creo y Confío.
Abandono el control de la situación. Dejo que las cosas pasen, y que los sentimientos amables jueguen conmigo.
Y por fin percibo que los seres queridos que no están físicamente me rodean amables reconfortando mi tristeza, que ya no parece tan profunda.
Recién ahora, desde mi inocencia, me doy cuenta que la pérdida no es tal. Todo sigue, sólo que de otra manera.
No hay nada externo que pueda ver. Nada para percibir con los cinco sentidos conocidos. Sólo adentro mío puedo escuchar los arrullos que me cantaba mi mamá de pequeña y salgo a la luz con la certeza de que no estoy sola, como si naciera...una vez más.
Sandra Pellegrino
Estoy dando vueltas desde temprano. Preparo el mate y no lo tomo. Sigo con la remera de dormir. Lavo los platos que quedaron de la noche.
Por más que quiera evadirla…ahí está. Otra vez la angustia apareció cortándome la garganta en dos. La garra de la que me habló una vez el psiquiatra, esa que me ahorca impidiéndome respirar y que no me deja vivir en paz.
Entonces, a pesar de necesitarla con urgencia, decido no tomar la pastilla ansiolítica…es que ya no tomo más pastillas. Sé que lo único que me provocan es una negación de mis propios sentimientos. Considero que sería un desacierto tomarla, ya que el resultado sería retrasar unas horas el síntoma, para que después aparezca con seguridad de forma más imponente.
La angustia, vieja conocida…otra vez por aquí.
Si no sale se me atasca en el plexo solar provocando dolores de estómago y quien sabe que otro síntoma.
De forma instintiva tomo el teléfono y marco el número de mi tía Margarita, la hermana de mi abuela, que es lo más cercano a la familia de mi mamá. Ella vive lejos, pero tan solo con escuchar su voz la angustia sale despedida en forma de catarata por mis ojos.
En seguida mi pecho se moja, y mis lágrimas parecen una bendición que va corriendo a lo largo de mis chakras.
Me siento un poco mejor y ya puedo respirar aliviada. Con la pastilla, adormecedora de sentimientos, esto no hubiese ocurrido y la angustia me hubiese habitado por días, meses y quien sabe años.
Esta angustia de hoy no viene sola, se presenta acompañada por la tristeza de la pérdida de mi mamá. Es casi inevitable en ciertas fechas, lugares, ocasiones, y vuelve intacta como si nunca hubiese procesado, trabajado o analizado el duelo.
No importa los años que pasaron desde que no está mi mamá. En este instante parece tan cercano. Y el recuerdo del aroma maternal parece rodearme acentuando su ausencia.
Ahora ya sé que me pasa… porqué la falta de ganas, porqué el mate sin tomar, los platos sucios… porqué la angustia.
Me pregunto cómo salir de este estado, o mejor dicho, cómo transitarlo sin lastimarme, si es que existe esa posibilidad.
Ambas, angustia y tristeza, cómplices la una de la otra, se instalan aquietadas en mi interior tomando gran parte de mi corazón y ensombreciendo todo vestigio de felicidad cotidiana.
Transitarlas no es placentero. Primero tengo que ser honesta conmigo misma, mirar hacia el interior dotada de una cuota alta de valentía.
Entonces reconozco que aún el duelo existe, que estoy triste, y no veo luz en ningún lado, que hoy solo me importa la presencia física de mi mamá a mi lado, acompañando los actos de fin de año, los cumpleaños… las fiestas. No me gusta lo que veo en mi interior…tanta oscuridad y dolor me hacen sentir débil, como si volviera la persona que fui hace unos años, la que necesitaba la contención medicinal, la que no era dueña de su propio espíritu. Lo único que falta es que vuelvan las pastillas, pienso. Y mi mente empieza el macabro juego de proyectar como en una película, la imagen de mí misma en el consultorio del psiquiatra.
En ese momento de tensión interior, donde creo que vuelvo atrás - a mi propio pedregullo- sólo se me ocurre intentar frenar los pensamientos y respirar. Tan profundo como me lo permita. Y con la primera bocanada caigo en la cuenta que estaba respirando muy cortito, como si no hubiese querido darle una buena dosis de oxígeno a mi cuerpo.
Entonces sigo con la sesión de respiración conciente. Empiezo a sentirme mejor, con posibilidades de abrir mi mente a un pensamiento alentador…depende de mí, aunque en este momento me pese semejante responsabilidad.
Un grato recuerdo con las palabras de mi mamá viene a mí y me sorprendo sonriendo. Acudo a mi propia “franja” donde los mundos se conectan también para mí.
El aire por fin atraviesa la angustia y llegue a mi Ser, a la Verdad dentro mío.
Creo y Confío.
Abandono el control de la situación. Dejo que las cosas pasen, y que los sentimientos amables jueguen conmigo.
Y por fin percibo que los seres queridos que no están físicamente me rodean amables reconfortando mi tristeza, que ya no parece tan profunda.
Recién ahora, desde mi inocencia, me doy cuenta que la pérdida no es tal. Todo sigue, sólo que de otra manera.
No hay nada externo que pueda ver. Nada para percibir con los cinco sentidos conocidos. Sólo adentro mío puedo escuchar los arrullos que me cantaba mi mamá de pequeña y salgo a la luz con la certeza de que no estoy sola, como si naciera...una vez más.
Sandra Pellegrino
9:04 -
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"El Vacío"
Todos, al igual que Luz en “De Regreso al Encanto”, nos encontramos con un gran vacío interno en algún momento de nuestras vidas. Probablemente sea éste un estado en el tú te encuentres, y tal vez al igual que muchos de los personajes del libro tengas a simple vista todas tus necesidades cubiertas, pero aún así el vacío persiste.
O puede pasarte todo lo contrario, crees que tu vacío depende de lo que te falta comprar, estudiar, recibir, obtener o pagar a un mayor o menor precio.
Lo cierto es que “nada externo tiene que ver con tu vacío interno.”
Nada de lo que observes fuera de ti puede llenar ese hueco y tampoco puedes pasar tu vida haciendo oídos sordos al grito de tu alma.
No temas reconocer tu vacío, solo tú puedes llenarlo junto al Amor infinito que, aunque no lo creas, te pertenece.
Sabrina Rondinelli
Todos, al igual que Luz en “De Regreso al Encanto”, nos encontramos con un gran vacío interno en algún momento de nuestras vidas. Probablemente sea éste un estado en el tú te encuentres, y tal vez al igual que muchos de los personajes del libro tengas a simple vista todas tus necesidades cubiertas, pero aún así el vacío persiste.
O puede pasarte todo lo contrario, crees que tu vacío depende de lo que te falta comprar, estudiar, recibir, obtener o pagar a un mayor o menor precio.
Lo cierto es que “nada externo tiene que ver con tu vacío interno.”
Nada de lo que observes fuera de ti puede llenar ese hueco y tampoco puedes pasar tu vida haciendo oídos sordos al grito de tu alma.
No temas reconocer tu vacío, solo tú puedes llenarlo junto al Amor infinito que, aunque no lo creas, te pertenece.
Sabrina Rondinelli
15:15 -
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Desde que tengo uso de razón utilicé la escritura como medio de expresión. Siendo muy pequeña llevaba un diario, luego escribí algunos cuentos breves, y ya en la adolescencia me pasaba horas frente a la máquina volcando miles de historias que venían a buscar mi mente, en un intento de convertirse en novelas. Cuando comencé a escribir éste libro me hallaba en un momento especial.
Hacía un par de años que no encontraba inspiración, o que ésta no me encontraba a mí. La magia; esa que me había atrapado durante tanto tiempo, había dejado de producirse, y ya no escribía más, como si no tuviese nada por decir. Vivía cómodamente de las ganancias de una librería que había instalado con mis ahorros. No parecía tener necesidad alguna, ya que contaba con el dinero suficiente para seguir mi vida pagando todos mis gastos. De todas formas, sentía que me faltaba algo y que no me encontraba realmente plena. Y fue entonces que descubrí que sí tenía una necesidad imperiosa e impostergable. Con el tiempo comprendí que se trataba de una necesidad espiritual muy honda, y escondida, casi imperceptible.
Mi abuelo me decía que yo tenía el don de escribir. Y fue por su certeza que decidió regalarme, cuando aún era muy pequeña, una máquina de escribir de color gris, y modelo portátil que también tenía el inconfundible “olor a tinta” que preservo entre los recuerdos más queridos.
Cada vez que improvisaba en la máquina algún cuento, mi abuelo me decía, casi en un susurro, mientras yo seguía escribiendo: “un don es un regalo de Dios”.
Cuánta razón tenía. Cada vez que terminaba algún cuento, novela o párrafo casual sin estructura determinada, tenía la sensación de haber recibido un regalo. Cuando comencé esta novela, ya hacía dos largos años que no sentía esa sensación. Me preguntaba a diario por qué no tendría la oportunidad de recibir ese maravilloso regalo. Estaba realmente desilusionada de mí misma y alejada de mi “don”. Necesitaba acercarme, pero no sabía de qué manera.
Una noche tuve un sueño muy particular. De esos sueños que parecen reales:
Hacía calor. Yo estaba en el sueño, nadando en círculos en un estanque. Era observadora, entonces las imágenes pasaban como en una pantalla. El agua del estanque era cristalina y ello me permitía ver mi pelo rubio y largo hasta los pies que se deslizaba formando un sin fin de redondeles.
De repente dejé de nadar. Ahora ya observaba desde mi cuerpo. Sin levantar mi vista advertí la presencia de alguien en la orilla. Lo miré…era un hombre y también me miraba. Parecía tranquilo y estaba sentado sobre una piedra. A pesar de ser un extraño, nunca me sentí atemorizada. Entonces, y llevada por una gran curiosidad nadé hasta la orilla sin dejar de mirarlo porque temía que si lo hacía, desaparecería. Salí a su encuentro y me acerqué tan solo un poco.
Su expresión pacífica no cambiaba con mi acercamiento. No hablaba. Él se levantó. Vestía de color violeta.
Una paloma voló girando sobre nuestras cabezas y se posó en la piedra tomando su lugar.
Me acerqué un poco más. Él caminó hacia mí. Una brisa suave me estremeció y advertí mi desnudez. A pesar de ser pudorosa no sentí en ese instante vergüenza y no me oculté a pesar de que mi largo pelo hubiese podido cubrir mi cuerpo como un manto.
Me miró con una mirada clara y transparente. Nuestras miradas se conectaron y recibí una sensación de paz difícil de explicar. Era ausencia total de miedo. Despreocupación. La vida se resumía en ese instante. Fue la sensación que sus ojos me regalaron. Me pareció conocer ese bienestar.
Comenzó a llover y sentí cada gota llevándose los límites que me quedaban y me moví. Tomé sus manos. Eran suaves pero firmes. Me incliné ante él como si estuviese reverenciándolo. El hombre me miró y tocó mi frente justo entre medio de los ojos. Con un gesto amable me indicó que me levantara y me dijo: “NO SOY UN REY. TAMPOCO UN ÍDOLO. LO QUE HAS SENTIDO TAN INTENSO FUE EL AMOR QUE YO SIENTO POR TI. PERO NO TE INCLINES ANTE MÍ, ES UN GESTO INÚTIL. CUANDO SIENTAS NUEVAMENTE ESE AMOR EXTIÉNDELO ATRAVÉS DE TU DON. LA INSPIRACIÓN ES EN REALIDAD UNA GRAN SENSACIÓN DE AMOR. MUCHOS YA HAN DESPERTADO, OTROS LO INTENTAN Y ALGUNOS AÚN DUERMEN. AYUDARÁS A ESPARCIR EL ENCANTO HACIA LOS CONFINES DE LA TIERRA Y MAS ALLÁ”
De repente volví de mi sueño, húmeda como si hubiese salido del estanque. Me dormí nuevamente con el resonar de las palabras: “La inspiración es en realidad una gran sensación de amor…”, “ayudarás a esparcir el encanto hacia los confines de la tierra y más allá”
A la mañana siguiente recordé el sueño y todos los detalles. Pensaba en volver a escribir. No cabían dudas al respecto. Pero me preguntaba dónde había perdido mi inspiración. De saberlo volvería hasta ese punto para recuperarla.
Entraron varios libros nuevos. Entre ellos uno que hablaba de los sueños y sus significados, me dispuse a hojearlo leyendo salteado algunas páginas recordando que el abuelo Simón creía en ello. No había nadie en la librería, solo Sofía, que trabajaba para mí desde hacía varios años, y quien me sorprendió sentada leyendo ese nuevo libro.- ¿Qué raro leyendo eso vos? ¿Cambiaste a Shakespeare por los sueños? – me preguntó burlona.
Buscaba esclarecer mi sueño, encontrarle un significado, saber por qué lo había sentido tan real. No sabía exactamente qué buscaba, pero me encontraba internamente inquieta.
Recordé cuando llevaba a todos lados un cuaderno y un lápiz de esos con una goma en un extremo. Cuando la inspiración llegaba siempre encontraba un lugar donde materializarla. Salí de la librería y compré un pequeño cuaderno verde y un lápiz con goma. Mientras almorzaba ese día, decidí estrenarlo anotando los detalles de mi sueño.
A la semana siguiente volví a retomar la lectura del nuevo libro, que no me resultaba del todo interesante. Muchas preguntas me venían a la cabeza, y no podía frenarlas. Había vuelto a mi gesto con el ceño fruncido. Sabía que algo no se terminaba de acomodar. Entonces Sofía se acercó y me preguntó- ¿Estás preocupada por algo? Te veo rara. ¿Te puedo ayudar?
-Decidí contarle mi sueño. Ella era casi una amiga. Busqué mi cuaderno y se lo leí con todos los detalles. Ella miró el nuevo libro de los sueños y lo ubicó en su lugar de la estantería.
- ¿Por qué no llamás a Isabella?- me dijo
- ¿Quién es Isabella?-
- Es una persona conocida y coordina “los encuentros del Encanto”. Son reuniones donde le dan otra mirada a algunas cuestiones que te pueden interesar.
No me seducía lo que Sofía me contaba pero ella continuó entusiasmada - En los encuentros, Isabella se apoya en la lectura de un libro ¡Un libro nunca editado! ¡No sabés la energía que sentís cuando lo tocás! La historia del encanto es larga, pero que te la cuente ella si es que la llamás.
-¿Qué dijiste? ¿El encanto?- interrumpí.
- Sí, el libro se llama “el Encanto”.
Nos miramos con Sofía y dijimos ambas al mismo tiempo: “ayudarás a esparcir el encanto hacia los confines de la tierra y más allá”.
- ¡Tu sueño!- exclamó - ves, Isabella es la indicada para ayudarte. Tu sueño hablaba del libro….
- No sé, no me confundas. Es imposible lo que estamos, o mejor dicho, estás pensando.
-Bueno… ¿querés o no el teléfono? De pronto, Sofía salió corriendo hacia la puerta. Escuché que llamaba a alguien.
- ¡Isabella!- se escuchaba la voz de Sofía.
Pensé que estaba bromeando y comencé a reír hasta que vi que volvía tomada del brazo de una mujer.
Llegaron hasta mí y me la presentó.
- Ella te ayudará con tu tema nuevo-Pude sentir mis mejillas enrojecerse de vergüenza. Casi por obligación intercambié con Isabella palabras fugaces. Me sentí expuesta de la forma en que me la presentó. Ni siquiera pude decirle mi nombre. Tampoco me lo preguntó. Quedamos en poner día y hora para hablar de mi tema nuevo, como lo había catalogado Sofía.
Anoté su teléfono y me escuché a mi misma prometiéndole llamarla.
Curiosamente esa misma noche, el sueño se repitió exactamente igual a la primera vez, y con todos sus detalles. Sin saber cuál sería el fin de nuestra cita, llamé a Isabella y fui a su casa al día siguiente.
Ella misma me abrió la puerta dándome un cálido saludo de bienvenida. Era una mujer serena. Aunque sus ideas parecían muy particulares, era clara cuando se expresaba. No dudé nunca de su sinceridad, me trasmitía franqueza por la forma en que me miraba inspirándome confianza aún sin conocerla. Estábamos sentadas en la mesa del comedor y el sol que entraba por la ventana la iluminaba mientras sonreía.
No hablábamos de nada en concreto, ella solo miraba insistentemente mi cuaderno verde y mi lápiz. De repente se levantó y volvió con una carpeta llena de láminas de distintos tamaños. Eran dibujos hechos por ella.
Comenzó a buscar uno en especial, mientras yo miraba los que iba dejando en la mesa que resultaban realmente llamativos. Algunos pintados con colores y otros en blanco y negro.
-Lo encontré- dijo- y desplegó el dibujo en la mesa y agregó algo que para mi en ese momento fue indescifrable- Vino a mi conciencia hace quince días exactamente.
Observé un largo rato el dibujo. Era casi un espejo. Pude identificarme con una mujer de pelo largo y rubio. La mujer llevaba en una mano un pequeño cuaderno verde y en la otra un lápiz con goma, igual que el mío. Estaba parada en un extremo de una mesa donde se hallaban seis mujeres más, sentadas.
- ¿Esa soy yo?- dije teniendo la certeza de que sí era yo ¿Quiénes serían las seis mujeres que estaban conmigo?, pensé.
- Si- contestó Isabella. Sos vos. Te dibujé antes de conocerte- y soltó una corta carcajada. – ¿Podrás explicarme porque te dibujé sin conocerte?- dijo naturalmente.
No sabía por dónde empezar. Creía que era ella quien tenía que explicarme. O quizás entre las dos. Con el tiempo comprendí que a veces no hay una explicación inmediata. A veces la respuesta llega más tarde.
Isabella agregó como pensando en voz alta:
-Éstas mujeres son parte de un grupo de encuentros que se reúne los miércoles. Yo lo coordino. Vos apareces entre nosotras, es evidente que el dibujo anuncia que tenés o tendrás alguna relación con este grupo.
Me sentí muy rara. Las lágrimas casi asomaban por mis ojos, anunciando mi desconcierto, y no supe qué decir.
Recordaba mi sueño del estanque, la charla con Sofía, el encuentro casual con Isabella y ahora este dibujo.
Parecía que algo me mostraba un camino. Con el tiempo comprendí que eran “señales”.
Era, sin duda, el momento de contarle a Isabella acerca del sueño. También le dije que era escritora desde que tenía uso de razón, y que como tal me hallaba angustiada por la ausencia total de inspiración. Decidí leerle las palabras del hombre del sueño.
-Ayudarás a esparcir el encanto… “qué interesante”- repitió maravillada-.
Y me dijo que quizás mi sueño tendría que ver con mi misión.
No comprendí su reflexión y no hablamos mucho más tampoco. Quedó en un estado meditativo difícil de describir.
Antes de despedirnos me invitó a los encuentros.
Quizás podría descubrir algo más de mi sueño, de las palabras del hombre, acerca de mi inspiración perdida o quizás también, de mi misma.
15:10 -
Posted by De Regreso al Encanto -
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“De regreso al Encanto” es una novela que narra la historia de seis mujeres y su despertar espiritual. Reunidas en torno a la sabiduría de un viejo libro, enfrentan el desafío de encontrar una mirada diferente que cambiará para siempre sus vidas.
Por otro lado, una escritora que ha perdido su inspiración, vive inmersa en la rutina cotidiana evadiendo – sin proponérselo- su vacío interno. Movilizada por un sueño revelador y misteriosas coincidencias que le señalan un camino, comienza a asistir a los encuentros del Encanto. Allí recibe las historias de las demás mujeres para volcarlos a las páginas en blanco que dormían olvidadas al costado de su vieja máquina de escribir.
De a poco la misma narradora se ve inmersa en la filosofía de los encuentros del Encanto y comienza así a vivenciar su propio despertar, convirtiéndose en una protagonista más que comparte con el lector sus miedos y tropiezos en sus primeros pasos por el camino de retorno al Verdadero Ser.
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Portada
Luz Aguirre somos
Ana M. Cuevas
Sabrina Rondinelli
Fabiana Baña
Alejandra Milone
Magdalena Erbiti
Sandra E. Pellegrino
Sabrina Rondinelli
Fabiana Baña
Alejandra Milone
Magdalena Erbiti
Sandra E. Pellegrino
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